Cuando pensamos en innovación solemos imaginar laboratorios, grandes inversiones tecnológicas o empresas capaces de desarrollar productos completamente nuevos.
Sin embargo, muchas de las innovaciones que transforman una empresa son bastante menos espectaculares.
Cambiar la forma de atender al cliente, reducir pasos en un proceso interno, utilizar nuevos materiales o aplicar una tecnología ya existente de una manera diferente también puede representar una innovación.
Innovación de producto
Es probablemente la más visible.
Consiste en crear un nuevo producto o mejorar significativamente uno existente.
Puede afectar a sus funcionalidades, materiales, diseño, rendimiento o forma de utilizarlo.
Innovación en procesos
En ocasiones el cliente ni siquiera percibe directamente la innovación.
Una empresa puede reorganizar su logística, automatizar tareas administrativas o utilizar datos para gestionar mejor sus existencias.
El resultado puede ser una reducción de costes, entregas más rápidas o una mejora en la calidad.
Innovación en servicios
Muchas compañías compiten ofreciendo productos similares.
En estos casos, la innovación puede encontrarse en cómo se presta el servicio.
Nuevos sistemas de reserva, seguimiento online, asesoramiento personalizado o mantenimiento predictivo son ejemplos de innovación aplicada a la experiencia del cliente.
Empezar por pequeños problemas
No todas las empresas necesitan crear un departamento de innovación.
Un enfoque mucho más accesible consiste en observar dónde aparecen los problemas repetitivos.
¿Qué tarea tarda demasiado?
¿Qué reclamación se repite?
¿Qué información solicita constantemente el cliente?
¿Qué proceso obliga a introducir varias veces los mismos datos?
Cada una de estas preguntas puede señalar una oportunidad de mejora.
España cuenta con instrumentos de apoyo
Las empresas que desarrollan proyectos de mayor alcance también pueden acceder a diferentes programas públicos.
El Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (CDTI) mantiene diferentes instrumentos de financiación destinados a actividades empresariales de I+D+i.
Entre ellos existen programas para proyectos de investigación y desarrollo orientados a crear o mejorar significativamente procesos, productos o servicios.
Innovar también consiste en probar
Uno de los mayores riesgos de cualquier proyecto innovador es invertir demasiados recursos antes de saber si funcionará.
Por eso resulta útil trabajar mediante pruebas pequeñas: implementar un cambio en un departamento, lanzar una versión limitada de un servicio o probar una solución con un grupo reducido de clientes.
Si funciona, puede escalarse.
Si no funciona, el coste del aprendizaje será mucho menor.
La innovación empresarial no tiene por qué empezar con una gran idea. Muy a menudo empieza con una pregunta bastante más sencilla: ¿podríamos hacer esto mejor?

